¿Quién eres mujer cuando ya no te necesitan?
Sí, esa es la pregunta que me tuve que hacer muchas veces y que me dejaba sin respuesta.
Hoy, quiero dejar claro que no soy la mujer que siempre tiene todas las respuestas.
Soy la mujer que ha aprendido a seguir caminando mientras las busca.
Antes de ser mamá, un rol que he ejercido con mis entrañas, desde el amor y desde el dolor.
Mucho antes ser la profesional exitosa, ingeniero de sistemas, gerente de proyectos pioneros de digitalización a principios de los 90´s, profesora universitaria con una reputación intachable, consultora de pequeños negocios desde las aulas de clase con mis estudiantes de pregrado y posgrado, para el centro de desarrollo empresarial y el parque tecnológico en una de las tres primeras universidades del país, emprendedora desde pequeña, asesora de negocios hispanos en Estados Unidos, América Latina y Europa, y ahora la host de MujerqInspira, y founder de una empresa de consultoría para profesionales y small business en Estados Unidos y el mundo hispano, antes de todo esto . . . Simplemente, fui una niña profundamente sensible, y vulnerable.
Miro atrás y siento una infinita necesidad de abrazar a esa niña solitaria, triste y temerosa.
La tercera de cuatro hermanas.
La que muchas veces se sintió diferente.
La que prefería escuchar las historias de su abuelo, mi ¨nonno¨ para desconectarme de mi propia historia.
La que buscaba a su mamá para sentirse segura pidiendo su bendición cada noche antes de dormir.
La que aprendió muy pronto a cuidar de otros, incluso antes de entender cómo cuidarse a sí misma.
La que torpe, tonta que nerviosa en la mesa del comedor siempre derramaba algo.
La que lloraba con facilidad porque vivía asustada.
Durante muchos años pensé que esa sensibilidad era una debilidad.
Hoy sé que fue uno de los mayores regalos que Dios había puesto en mi vida.
Con el tiempo llegó la oportunidad de ir a la escuela, conocer a Dios, colaborar con la iglesia, espacios que se fueron convirtiendo en mi refugio.
Mis años de colegio fueron mi escuela de vida, donde pude descubrir cómo convertir cada debilidad en una fortaleza.
Donde pude identificar talentos gracias a mis maestras y las hermanas que me permitían participar en actividades que lograban hacerme sonreir el alma.
Luego, estudié ingeniería por rebeldía y me regaló desafíos profesionales y oportunidades que fui conquistando con esfuerzo.
Siempre encontré un profundo sentido en aprender, asumir nuevos retos y ganarme cada lugar por mérito propio.
También llegaron el matrimonio, la maternidad y la responsabilidad de intentar ser la mejor esposa y madre posible para mis tres hijos.
Como muchas mujeres, quise darles aquello que yo había echado de menos.
A veces lo logré.
Otras veces no.
Porque ninguna madre es perfecta, y el amor no siempre alcanza para cumplir todas las expectativas.
También hubo decisiones que marcaron mi vida para siempre.
Renuncié a oportunidades profesionales porque elegí apostar por mi familia.
Viví pérdidas que dejaron un vacío imposible de describir, como despedir a mi nonno, a mi mamá, esa mujer que representaba un ejemplo a seguir y mi primer gran amor.
Con mi alma rota, vi a mis hijos emigrar buscando oportunidades que nuestro país no pudo ofrecerles.
Cada vez que pude, crucé fronteras con un morral al hombro para abrazarlos, acompañarlos y recordarles que nunca estarían solos.
Como mamá, no dudé en emigrar para impulsar a mi hijo menor, y abrir puertas a mis otros dod hijos.
Si, llegó mi propio momento de empezar de nuevo, no por mi, sino porque mis hijos siempre fueron mi motor.
Sin pensarlo dos veces, dejé atrás una vida construida durante décadas para emigrar a Estados Unidos.
Este viaje significó mucho más que cambiar de país.
Significó despedirme de todo lo que había construído y adquirido durante décadas.
Me obligó a buscar una versión de mí misma, que una vez más, venció obstáculos, enfrentó el miedo, y demostró que la dignidad no depende del trabajo que realizamos, sino de la actitud con la que enfrentamos cada etapa de la vida.
Si, mis titulos los guardé en una maleta, y por mi hijo, trabajé en lo que fue necesario, porque las cuentas debíamos pagarlas.
Inevitablemente, los hijos crecen, hacen sus vidas y también olvidan.
Y es ahí, cuando te encuentras sola, sin llamadas, sin mensajes, sin un te necesito, cuando descubres que te olvidaste de ti,
De modo que, he aprendido desde la abundancia y desde la escasez a seguir adelante.
He conocido el éxito y también la incertidumbre.
He conocido el amor infinito, y también el dolor de la ausencia.
He sentido el dolor de perder, pero también la alegría de descubrir que siempre existe un nuevo comienzo para quien conserva la esperanza, y confía en Dios.
Si algo he aprendido es que la vida nunca deja de invitarnos a reinventarnos.
Pero esa reinvención no consiste en convertirnos en alguien diferente.
Consiste en volver a encontrar nuestra esencia y reconectarnos con nuestro propósito.
Sí, durante muchos años viví mirando hacia afuera: cumpliendo responsabilidades, resolviendo problemas, acompañando sueños ajenos, intentando responder a lo que los demás esperaban de mí.
Hasta que un día comprendí que había una pregunta que nunca me había detenido a responder con calma:
¿Quién soy cuando dejo de ser todo lo que hago para los demás?
Esa pregunta cambió mi manera de entender la vida.
Descubrí que nuestra esencia no desaparece con las pérdidas, los cambios o los fracasos. A veces simplemente queda cubierta por el miedo, las expectativas, las responsabilidades y el ruido de una vida que avanza demasiado rápido.
Y comprendí algo más.
No soy la única mujer viviendo este camino. Cada mujer guarda una historia que merece ser escuchada.
No porque haya sido perfecta.
No porque haya alcanzado todos sus sueños.
Sino porque, en cada historia vivida con autenticidad, hay una semilla de esperanza para alguien más.
Así nació MujerqInspira.
No para hablar de mí.
Sino para abrir una ventana donde muchas mujeres puedan compartir sus experiencias, descubrir el valor de su recorrido y recordar que nunca es tarde para volver a empezar.
Creo profundamente que una mujer se transforma cuando descubre su esencia y decide liderar su vida con propósito.
No para parecerse a alguien más.
No para cumplir expectativas ajenas.
Sino para convertirse, cada día, en una versión más consciente de sí misma.
Ese es también mi camino.
Sigo aprendiendo.
Sigo equivocándome.
A veces avanzo y otras retrocedo.
Pero hoy camino con una certeza que antes no tenía: el pasado me dejó aprendizajes, el futuro se construye con las decisiones que tomo hoy y Dios sigue guiando mis pasos incluso cuando yo no alcanzo a entender el camino.
Si has llegado hasta aquí, gracias.
Quizá encontraste este espacio buscando una historia.
O quizá estabas buscando una parte de la tuya.
Mi deseo es que cada conversación, cada artículo y cada episodio de este proyecto te recuerden algo que, en medio de las prisas de la vida, muchas veces olvidamos:
Ya tienes dentro de ti mucho más de lo que imaginas.
Tal vez no necesites convertirte en otra persona.
Tal vez solo necesites volver a encontrarte con la mujer que siempre has sido.
Bienvenida a MujerqInspira.
Esta ventana permanecerá abierta para todas las mujeres que deseen descubrir, honrar y compartir la belleza de su propia historia.
Te recomiendo para iniciar disfrutar de nuestro club de lectura qie inicamos con tema que se alinea con esta presentación de MujerqInspira Podcast. Leimos una pequeña reflexión del libro de Miji Velázquez intitulado La Alegría en los pequeños detalles de su serie El Arte de Vivir. Te invito adisfrutar de esta lectura en Dios cabe en lágrimas y ollas.
